La Fábula de Amélie y cómo amar y dejarse ayudar sin morir en el intento

amelie renoirAmélie, la joya de Jean Pierre Jeunet (director) y Yann Tiersen (música), inmensos los dos, es un estímulo para todos los sentidos. Se trata de una pieza singular que hilvana una historia alrededor de personajes también especiales y particulares. Cada personalidad se define perfectamente en base a la respuesta a las preguntas de: qué le gusta, qué le molesta, qué manías tiene y qué ocupa su corazón. La fragilidad los caracteriza. De hecho, uno de ellos es conocido precisamente como ‘el hombre de cristal’, por la fragilidad de sus huesos. La propia Amélie o el resto de personajes corales podría decirse que tienen una fragilidad social. El ayudante de verdulero es humillado constantemente. Alguna de sus compañeras del bar de Montmartre donde trabaja y algunos clientes se sienten fracasados o les falta confianza en sí mismos.

Amélie es un corazón voluntarioso que se encarga de reforzar las carencias de las personas que la rodean y así el verdulero pasa a encargado, logra emparejar a un cliente con una compañera del bar, alegrar a un ciego, animar a viajar a su padre y hasta ayudarse a sí misma encontrando el amor. Este aspecto le cuesta horrores. Es de la clase de personas que prefieren ayudar que ser ayudadas, hasta el punto de poner en peligro su felicidad. Para mi uno de los aspectos más delicados de la película es cómo le ayuda a comprenderlo su vecino, ‘El hombre de cristal’. En el momento clave es quien la llama al teléfono para que reaccione y entienda que el amor entraña riesgos y lanzarse a la piscina. Pero antes de producirse esa llamada, su vecino ya hace unas escenas que le habla del cuadro de Renoir que pinta una vez por año. Le habla de la chica de mirada ausente que tanto le cuesta pintar. Y lo hace pensando en Amélie, para ayudarla a definirse y conocerse. Poco a poco la misma Amélie es la que le cuenta por qué esa mirada está ausente, “quizás está enamorada”, “quizás es diferente a los demás”. A lo que su vecino le contesta con consejos de aplicación directa a su vida. Esta forma indirecta y delicada de ayudarse entre seres frágiles es de una sensibilidad brutal. Ayudar no siempre es fácil porque requiere conocer al otro. Ayudarse o dejarse ayudar a veces es mucho más difícil porque hay que reconocer tus limitaciones, desnudar el alma y dejar entrar al otro a tu jardín privado.