Chicote, el buen jefe más allá del ‘Palo y zanahoria’

Querido Chicote. He seguido algunos de tus programas de TV como ‘Pesadilla en la cocina’ y ‘Auténticos’. Lo suficiente, creo, para captar lo que desprende tu carácter. Encarnas las virtudes del buen jefe. Dominas el negocio, sabes de lo que hablas, controlas la situación, te preocupas por “tus empleados” y, con tu experiencia y sensibilidad, sacas lo mejor de ellos con los recursos que tienen. Además de tener madera de líder y carisma de sobra, no eres el típico jefe macho alfa sino que llevas un coach en tu ADN.

En uno de los episodios de ‘Pesadilla…’ en 2016 te encargas de poner las bases para reflotar ‘La Corte’, una cervecería brasería de Fuenlabrada. Tu consultoría no se limitó a lo culinario sino que profundizaste en las raíces del fracaso del negocio. En esta sociedad parcelamos demasiado y analizamos los negocios o las situaciones en general bajo un solo prisma. En este programa de la temporada 4 abarcas todos los ámbitos hasta que das con la clave que hace que todo ande mal, en este caso la psicología del dueño.

Para empezar catas el servicio como un cliente más: valoras el local, el personal de sala y de cocina así como parte del menú. Empiezas por una sacudida fuerte de conceptos básicos como el de no abusar del congelado (punto débil) o de hacerles ver que podrían dar uso de su fenomenal plancha (punto fuerte).

Luego te enfocas en el personal que se acerca más al concepto ‘amigos que cobran por irse de juerga en el bar’ que no al de profesionales de la restauración. Le das un buen rapapolvo al dueño pero en lugar de abrumarlo a palos, pronto de das cuenta que tiene algún bloqueo personal que le hace ser tan permisivo con ‘sus colegas’, tan inmaduro en la relación con sus padres (que se encargan, por obligación, de la cocina) y tan dejado consigo mismo. Te das cuenta de lo que necesita cada uno y lo transmites. Le das al dueño una masterclass tras otra. Te lo llevas a una sala de boxeo, le das unos guantes y mientras le vas gritando sus miedos, le pides que le pegue más fuerte al saco. Después de esta sesión para sacar la rabia y desbloquearlo, en la charla posterior le explicas el por qué de esta catarsis hasta que lo haces llorar y sacar las emociones que llevaba dentro durante años. Poco importa si esa actividad está supervisada por un psicólogo profesional o lo que dices está guionado, porque interpretas a la perfección el rol de coach, eso no te lo quita nadie.

Una separación, un negocio que empezaba a caer, un refugio fácil en el alcohol y la juerga con los amigos… Le haces reaccionar anímicamente para que vuelva a sentir el espíritu que le hizo emprender el negocio con veintitrés años y llegar a ganar medio millón de euros al año. Haces que la relación con sus padres sea un poco más transparente y pones algunas reglas para que el equipo se coordine mejor y en situaciones de tensión se trate como a cada uno le motiva más (a unos les sirve un grito, a otros hay que transmitirles ideas claras pero sin presionar en exceso).

En ese caso quizá tu enorme empujón no fue suficiente (por lo que leo en algunas noticias) pero, como los grandes maestros, dejaste una huella increíble en cada uno de ellos. Luego está la libertad de cada uno para ser fiel a uno mismo o dejarse llevar, pero puedes tener la consciencia tranquila de haberlo dado todo porque como dices en el programa ‘te importa’ esa persona, ese negocio, esos padres.

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